Los Dragones en Nueva York. De Hudson Yards a Harlem y el Bronx (capítulo 2)

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Fuimos a Nueva York con nuestra bandera de los ODS e hicimos esta foto como un ritual, devolviendo a esta ciudad nuestra apropiación gráfica de este listado de prioridades para la humanidad que se elaboró en la sede de Naciones Unidas. Como optábamos a uno de los premios Beyond Sport en la categoría “Ciudades y comunidades sostenibles”, por añadir simbolismos elegimos este fondo que es el único que en el entorno de Hudson Yards nos recordaba un poco a esa idea de comunidad (es un huerto de hierbas aromáticas cultivado sobre unas antiguas vías de tren).  El tren era el que servía para abastecer a los habitantes de Nueva York de productos básicos como la leche antes de que fuera más rentable hacerlo en coche.  Dejamos de añadir capas de significado porque esto del análisis semiológico resulta agotador y la verdad es que, pese a que era agradable pasear por esta vía y que las banderitas de colores agitadas por la brisa sugerían la idea de un pueblo en la fiesta de San Juan, nada más lejos de la realidad. Por mucho que una se esfuerce, Hudson Yards no puede representar más que los temores de quienes vivimos en Lavapiés. Leyendo los carteles del huerto una se enteraba de que las supuestas guirnaldas al igual que un hilo de música que aleatoriamente alternaba música clásica con palabras relacionadas con los colores del “pantone”, formaban parte de una instalación artística. Y pese a que también se contaba la épica defensa del espacio comunitario por parte de los creadores de una asociación que habían salvado el huerto, resultaba poco convincente. Y es que toda esta novísima parte de Manhattan es una especie de exposición universal de arquitectura, arte y moda para ricos. No parece que nadie viva ahí. Hay turistas, obreros (todavía hay muchos solares en construcción) y gente que trabaja. Gente muy joven o con apariencia joven. Parece como si ser niño o viejo estuviese prohibido… Lo que sí que pueden hacer los turistas con total garantía es comer tortilla de patata y seguir los partidos de La Liga: allí está Little Spain, el sitio de tapas de Adriá y José Andrés.

Donde había gente de todas las edades tomando y vendiendo raspaditos de coco, limoncillo (una fruta dominicana) y hablando español a gritos era en Harlem. Allí encontramos a unos turistas gallegos que llevaban una semana comiendo hamburguesas por no atreverse a entrar en los maravillosos restaurantes mejicanos y en las deliciosas panaderías dominicanas, peruanas o colombianas. A esa altura de Manhattan, donde se reparte gratuitamente el periódico “El especialito”, hay un pequeño cementerio junto a una iglesia donde está enterrado el primer ornitólogo de EEUU, John James Audubon. Una galería ha puesto de acuerdo a artistas, responsables municipales, etc. para alertar sobre el peligro que supone para muchas especies el cambio climático mediante grandes murales e intervenciones escultóricas en madera inspiradas en las láminas de Audubon. (El naturalista, nacido en Haití de madre haitiana y padre francés en 1785 últimamente está siendo duramente juzgado por su técnica de matar a sus modelos).

También nos llamaron la atención las colaboraciones entre museos, bibliotecas y niños para realizar proyectos en los exteriores de los colegios públicos. Nos pareció muy bonito… hasta que leímos un artículo en “The New Yorker” de Jelani Cobb (16 de septiembre, 2019). En él se denuncia que la segregación en las escuelas neoyorquinas es muy alta. Mientras el setenta por ciento de los alumnos de la pública son afrodescendientes y latinos, sólo un diez por ciento llegan a los institutos especializados. En España no realizamos este tipo de estadísticas…

En la parte norte de Manhattan estuvimos visitando la Hispanic Society (estaba cerrada por obras) y nos indignamos con la exigua lista de personajes femeninos cuyos nombres aparecen esculpidos en las paredes.

También observamos un sistema de reciclaje de pago, algunos dragones esculpidos en las fachadas de edificios y… ¡nos acercamos al estadio de los Yankees! En las proximidades varios grupos de niños de unos cinco años jugaban a fútbol. Su club era el South Bronx United y era bonito ver cómo las familias se lo tomaban con total relajación, sentados sobre mantas en los bordes del campo. Muchísimos de los niños y sus familias hablaban español.

El paseo por Nueva York nos dejó pensativos. Hay quien dice que viajar allí es como viajar al futuro. Hay algunos conceptos de sostenibilidad, como los representados en este rocódromo urbano al que todo el mundo accede en bici o estas fuentes que miden el plástico que ahorras según vas gastando agua que parecen más bien una abstracción poco conectada con la realidad. Nos quedamos con los niños haciendo deporte en el Bronx, con las calles vibrantes de Harlem y su arte callejero con mensaje conservacionista.

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