esta selección sí nos representa: los dragones sobre nico williams y lamine yamal

Voy con Serigne (seudónimo) de 13 años en un uber camino de un pueblo de Segovia donde quince pequeños dragones y dragonas han sido invitados a participar en un campamento de fútbol de ensueño por La Liga. Una «serie de catastróficas desdichas» impidieron a Serigne subir al autobús el día anterior y hoy nos hemos perdido con el transporte público. El sitio al que vamos es el escenario perfecto para un capítulo de Los Futbolísimos o una serie de Disney Channel. El día anterior no ha sido un día cualquiera: ha sido la final de la Eurocopa y Serigne y yo estamos de acuerdo en que Nico Williams y Lamine Yamal han sido nuestros héroes. Serigne ha nacido en España de padres senegaleses. Su acento es castizo como corresponde a haberse criado en nuestro barrio, Lavapiés, y definitivamente es «más chulo que un ocho», pero habla wolof, su abuelo le ha enseñado a tocar el yembé como un profesional y su plato favorito es el supakanje. Cuando el coche llega a la altura del Valle de Los Caídos (ahora Cuelgamuros) no me puedo resistir: «¿ves esa cruz?», le digo y le cuento que es un monumento en el que trabajaron forzosamente los republicanos que perdieron la Guerra Civil y que ahí están enterrados miles de muertos de la guerra, de los dos bandos, y que también estaba ahí Franco pero que ya no porque hace poco el gobierno le sacó de allí para llevarlo a un cementerio más normal. «Franco es muy famoso», dice Serigne «pero yo ahí sólo iría si quien estuviera enterrado fuera Michael Jackson».

El conductor del uber, de apellido Martínez, bosteza ostensiblemente y me mantiene con el corazón en vilo todo el camino.

Los cuatrocientos niños y niñas y las doscientas personas adultas que juegan en Dragones tienen sesenta procedencias nacionales diferentes. Todos conocen historias de guerras en sus países de origen. Algunas tan recientes que están en activo, como en Mali o Ucrania. «Mis dos hermanos fueron asesinados», contó Kouma el día que fuimos invitados al Teatro del Barrio a aportar contexto a una obra sobre migraciones. Tiene apenas 22 años, lleva tres en Dragones, en el equipo senior federado (es un tremendo defensa) y hace años que cotiza a la Seguridad Social trabajando de carnicero. Nosotros somos un club de fútbol. No hacemos grandes teorías sociales: jugamos a fútbol representando a un barrio que es diverso, aunque también llevamos la camiseta de España para jugar la Homeless World Cup (el torneo contra el sinhogarismo). Pero en esta Eurocopa diferentes medios de comunicación muy relevantes (el Financial Times , The Guardian, Público, la Cadena Ser, Playtech, News 24) nos han preguntado por el significado de que Nico Williams y Lamine Yamal hayan sido protagonistas indiscutibles en los partidos de la selección española. Si eso cambiará las actitudes negativas de la sociedad hacia las personas migrantes. Y qué vamos a contestar y a querer: que sí, que así sea. Pero… ¿podrá el acento navarro de Nico y el amor que profesa a sus padres en cada palabra rebajar la crueldad en la frontera sur? ¿podrán los goles de Lamine borrar la islamofobia y el racismo? A buen seguro, del día a la noche, la respuesta es no. Pero aun reconociendo que el racismo obedece a causas estructurales y arraigadas, no hay que subestimar la capacidad del fútbol para generar cambios. Lo hemos visto con las chicas. El fútbol es un espectáculo a partir del que se crean narraciones colectivas muy poderosas basadas en la participación y que generan opinión. En Dragones llevamos diez años dándonos cuenta de que el racismo existe, es injusto, impide a las personas desarrollar su potencial y nos debilita a todos en conjunto y nos empecinamos en que, si somos capaces de cambiar en el fútbol las cosas, ese cambio también llegará a la sociedad. El fútbol ha servido en muchas ocasiones para enseñar racismo: en las escuelas de fútbol los insultos racistas se normalizaban para «sacar del partido» al futbolista racializado. Y es notorio que en el público perviven los cánticos racistas y los sonidos de mono… Es hora de que el fútbol eduque en el sentido contrario.

Por eso participamos en proyectos como Unity 2.0 de UEFA Foundation y Common Goal o pertenecemos a organizaciones como FARE (Football Against Racism). Por eso también defendemos la necesidad de mirar hacia el futuro guiados por una agenda común. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas nos recuerdan que formamos pare de una sola humanidad, de un único planeta y de que la responsabilidad de cuidarlo es de todos: de las personas, los gobiernos, las organizaciones sin ánimo de lucro y las empresas (nos enorgullece haber colaborado recientemente en un evento con las empresas B Corp de nuestro país). En las empresas más innovadoras hace tiempo que la diversidad es un valor. En el fútbol profesional, también ha sido así desde su creación. La selección española masculina ha tardado mucho pero ha sabido al fin conectar con la realidad y eso es un éxito asegurado.